Motivación 08/01/2020

El cuarto hijo de la gorila Malui nació muerto. Malui intentó revivirlo, volver atrás, cambiar el inicio de aquella historia. Trató de amamantar al bebé inmóvil con todo el amor y la locura del mundo, pero su pequeño no volvió. Lo cargó a su espalda más de un día entero, jugando a convencerse de que estaba tan vivo como ella. Después de ese tiempo comprendió que nada más podía hacer y abandonó el cadáver. Los demás gorilas la vieron golpearse el pecho con desesperación y entregarse a una tristeza silenciosa después. Su hija mayor aseaba a Malui, que parecía incapaz de moverse o de abrir los ojos, como si la muerte la hubiera golpeado también a ella con su puño invisible.

Una semana después fue fotografiada jugando con mariposas. En esas imágenes la gorila corre y salta. Contempla atónita la nube amarilla y negra que la rodea, que se acerca y se aleja, que vuelve y le explica, con una hermosa metáfora, que la vida, no sabemos muy bien cómo, siempre logra abrirse paso.                              Patricia Esteban Erlés

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